Marlon Brando no engordó para ser Don Corleone: se metió bolas de algodón en la boca.
Coppola pensó que era una genialidad y lo dejó tal cual.
Para el casting de «El Padrino», Brando tenía 47 años y ninguna intención de envejecer ni engordar para parecer un patriarca siciliano. Su solución fue meterse bolas de algodón dentro de las mejillas para deformar la mandíbula y conseguir ese aspecto de bulldog cansado que define al personaje. Francis Ford Coppola quedó tan convencido con la prueba que ni se planteó otra opción, aunque Brando tuvo que repetir el truco en cada rodaje porque el algodón se movía y le costaba vocalizar. El resultado, pese a la incomodidad, se convirtió en una de las composiciones físicas más imitadas de la historia del cine.
Sobre El Padrino (1972).
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